CLARA MONTOYA
de cuerpo en cuerpo
Inaguración: sábado 1 de febrero de 2025 / 11:30h – 14:30h
Opening: February, Saturday 1, 2025 / 11:30 – 14:30 h
Por eso los filósofos nunca lo entienden. Hablan de la muerte como finitud humana. Pero yo hablo de la muerte como algo que me ocurrió, no como testigo viviente, portador de su memoria, sino como su sujeto.
Griselda Pollock, Deadly Tales.
Algunos elementos que conforman las células de nuestro cuerpo provienen de un flujo ininterrumpido de vida que se extiende a lo largo de milenios. Fruto de ciclos biogeoquímicos, nuestra materia orgánica ha formado parte de diversos organismos a lo largo del tiempo, por lo que hay elementos de nuestra materialidad cuyo nacimiento precede al de nuestra especie. Son realidades que han vivido de cuerpo en cuerpo hasta llegar al nuestro y que morirán por primera vez con nuestra muerte.
Clara Montoya no representa la realidad, la parte en dos. Crea una grieta de luz en la que nos permite situarnos y observarnos dentro y fuera de ella. En su personal cosmogonía, somos una reacción química efímera y maravillosa. Una visión que materializa en obras de arte que desde la investigación científica se convierten en experiencias. La fragmentación y la simetría son una constante en las piezas de esta exposición, en la que aborda de manera profunda y reflexiva temas como la empatía, los cuidados y la memoria de los afectos.
Resuelta I y Resuelta II son dos esculturas independientes compuestas por prismas de base triangular que giran lentamente en direcciones opuestas. Surgen como respuesta a Ignota I e Ignota II, obras producidas por la artista durante una residencia en el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) en las que daba forma al misterio opaco que todavía se encuentra en el interior de las células cancerígenas. En este caso, la transparencia permite ver el funcionamiento de la escultura mientras nos regala nuestro reflejo en un entorno que se reorganiza y desaparece. Un giro lento pero imparable que produce un eco comunicativo entre ambas obras a la vez que emite destellos impredecibles.
Los estudios realizados por Li-Huei Tsai, catedrático del MIT (Massachusetts Institute of Technology), han demostrado mejoras en pacientes con Alzheimer mediante la exposición a ondas de 40 Hz. Inspirada en estas investigaciones y en una experiencia personal profundamente significativa —la pérdida de un ser querido a causa de esta enfermedad—, Clara Montoya desarrolla 40 Hz. Esta obra, que puede ser considerada como posible terapia experimental, invita al público a colocarse sobre unos tatamis de paja de arroz para experimentar las vibraciones emitidas a esta frecuencia por unos altavoces de infrabajos.
En Memento, Clara Montoya realiza retrato doble del artista Abdel Fellah. Un ejercicio a partir del recuerdo de su amigo fallecido sobre el mecanismo de un puzle deslizable. Esta obra evoca una posible reconfiguración de la imagen y una potencialidad a la distorsión o el olvido con la que describe el caprichoso funcionamiento de la memoria. Para la mejor apreciación de los retratos, necesitamos tomar cierta distancia con la imagen. Los píxeles analógicos que componen la obra dan forma así a una figura difuminada, pero más precisa.
Las aguas que bañan la orilla de Nazaré, en el norte de Portugal, producen las olas más grandes del mundo. En ese encuentro de dos corrientes atlánticas enfrentadas emergen las formas del vídeo 69, donde imágenes privadas de escala surgen como tejidos aterciopelados que revelan una psicodelia erógena. Estas imágenes, tomadas durante varios días de grabación para ser expuestas verticalmente, solamente han sido alteradas para crear su eje de simetría. Su disposición silenciosa y dinamismo producen sensaciones que van desde la abstracción inquietante hasta la sensualidad evocadora de uno o más cuerpos que confluyen.
A través de una personal metodología, Clara Montoya extrae la poesía de la realidad respetando la integridad de los materiales. En sus diversas manifestaciones, sus obras nos devuelven la mirada, nos acogen, nos reflejan y atraviesan nuestro cuerpo. Su proceso creativo, intrínsecamente vinculado a la investigación, culmina solo con el montaje de la exposición, momento en el cual cierra su pensamiento en diálogo con el espacio. El título de la muestra —de cuerpo en cuerpo— es un extracto del poema Nunca he muerto, escrito por la artista. Este segmento de uno de sus versos es a la vez deseo y recuerdo, una afirmación inacabada que reconstruye una conexión e invita a reflejarse en ella, en su realidad fragmentada y luminosa.
Roberto Majano
That is why philosophers never get it. They talk of death as human finitude. But I talk of death as something that happened to me, who is not its living witness, the carrier of its memory, but its subject.
Griselda Pollock, Deadly Tales.
Certain elements that shape the cells in our bodies derive from an uninterrupted flow of life that extends over millennia. As a result of biogeochemical cycles, over time, our organic matter has been a part of a variety of organisms. There are, therefore, elements of our materiality whose birth precedes that of our species. These are realities that have lived from body to body until they reached our own and will die for the first time with our death.
Clara Montoya does not represent reality; she splits it in two. She creates a fissure of light that allows us to situate and observe ourselves both from within this reality and from outside of it. In her personal cosmogony, we are an ephemeral and marvellous chemical reaction. Fragmentation and symmetry are a constant in the pieces showcased in this exhibition, where she profoundly and reflectively explores themes such as empathy, care and the memory of affections.
Resuelta I and Resuelta II are two independent sculptures formed by two triangular-based prisms that rotate slowly in opposite directions. They emerge as a response to Ignota I and Ignota II, created by the artist during her in-residence at the Spanish National Cancer Research Centre (CNIO), where she cast the opaque mystery still present inside cancer cells. In this case, transparency allows us to see the intricacies of the sculpture whilst offering us a view of our reflection in an environment that rearranges itself and disappears. A slow but unstoppable rotation that produces a communicative echo between both pieces while simultaneously emitting unpredictable flickers of light.
Studies conducted by MIT (Massachusetts Institute of Technology) professor Li-Huei Tsai have shown improvements in Alzheimer’s patients by exposure to 40 Hz waves. Clara Montoya developed 40 Hz inspired both by this research and a profoundly significant personal experience —the loss of a loved one to Alzheimer’s disease—. This piece, which can be considered a potential experimental therapy, invites the audience to stand on rice straw tatami mats to experience the vibrations produced at this fequency by subwoofer loudspeakers.
In Memento, Clara Montoya creates a double portrait of the artist Abdel Fellah, an exercise built on the memory of her late friend and the mechanism of a sliding puzzle. This piece calls to mind a possible image reconfiguration and a potential for distortion or oblivion with which she describes the capricious inner workings of our memory. To truly appreciate the portraits, we must step back from the image. By doing so, the analogue pixels of this artwork will render a blurred but more precise figure.
The waters that wash the shores of Nazaré, in the north of Portugal, are home to the largest waves in the world. At the confluence of two opposing Atlantic currents, the contours of the video 69 emerge, where scaless images surface like velvety fabrics revealing an erogenous psychedelia. These images, filmed over the course of several days to be displayed vertically, have only been altered to create their axis of symmetry. Their soundless layout and dynamism generate sensations that range from disquieting abstraction to the evocative sensuality of one or more bodies converging.
Applying a personal methodology, Clara Montoya extracts poetry from reality while respecting the integrity of the materials. In their various manifestations, her pieces return our gaze; they welcome us, portray us and pierce through our bodies. Her creative process, intrinsically intertwined with research, culminates only with the staging of the exhibition when her thoughts are brought to a close in dialogue with this space. The title of this exhibition —de cuerpo en cuerpo (body to body)* is an extract from the poem Nunca he muerto (I have never died), written by the author. This segment from one of its verses is both desire and memory, an unfinished assertion that reconstructs a connection and an invitation to reflect on it, on its fragmented and bright reality.
Roberto Majano
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